Cómo acabar con tu príncipe azul

Cenicienta, Blancanieves y La sirenita son historias con un final feliz. En todas hay una hermosa doncella rescatada por un apuesto, rico e inteligente príncipe, que luego se convierte en rey y hace de su amada, reina de un país maravilloso. Uno en donde todos los aman, son bondadosos con su pueblo, perdura la paz y se regocijan para siempre.

Conocí muchas chicas que querían una historia similar a la de aquellas. Que se comportaban delicadas y suaves, dignas de la realeza. Como también a otras realmente poderosas, inteligentes y proveedoras de sí mismas económica y emocionalmente. Sus nombres: Maria Cristina y Jackelinne.

Cristina estudió bastante y se dedica a servirle a otros. Jackelinne es práctica, sensible y ambiciosa. Aprendí de ellas independencia a tener coraje y, más que todo, paciencia: esa que tanto me cuesta

De otra parte, tengo la fortuna de conocer a Sandra, Diana y Joissss. Mujeres realmente sexys, amadas y deseadas. Viví con ellas ilusiones y desamores. Fui paño de lágrimas y cómplice de encuentros clandestinos. Me enseñaron a maquillarme y sentirme más femenina. Me compartieron detalles —algunos muy íntimos— y más de una vez me sonrojé. Decían que el sexo es necesario para tener una vida en equilibrio, placentera y sin culpas.

Son cuatro mujeres diferentes en su esencia, profesión, origen y su misma vida.

Liliana, Paola, Ximena, Martha mis hermosas amigas, la sencillez, bondad y sacrificio son dignos de una persona en muchas que son capaces de sacrificarse a sí mismas por el beneficio de su familia y amigos.

Y ninguna de estas nueve mujeres fue rescatada por un príncipe azul. Ninguna de estas nueve mujeres esperó dormida, o en un mar, o fue a un baile con zapatillas de cristal. Ninguna de estas nueve mujeres dejó que sus sueños o su vida fuera trazada, dirigida o controlada por un príncipe o algo que se le pareciera. Cada una en su propio mundo creó su historia única y heroica.

Son mujeres reales, algunas madres, novias, amantes, esposas, divorciadas, deseosas de vida, guerreras de su propio destino.

Yo no soy de papel, no me eduqué para esperar un príncipe azul que me rescatara, no soy una doncella que espera en casa y toca el piano. No quiero rosas cada cumpleaños, y odio los chocolates y los helados. No quiero a alguien que me diga qué hacer, qué decir o cómo comportarme. No puedo aceptar joyas o dinero que realmente no haya comprado o trabajado yo misma.

Para mí no existen los príncipes azules, porque ni son azules ni son príncipes. No hay rescate acordado porque no hay dragones o vikingos que pidan recompensa. Pero soy una mujer que puede hacerse por sí misma, que puede y quiere caminar por la playa descalza, respirando la brisa salada; que quiere caminar entre la nieve y hacer ángeles, correr cada mañana o cada noche y sentir el aire en la cara.

Me gusta cocinar y reinventar sabores, decorar la mesa y servir un plato que sea más hermoso que delicioso. Soy estricta con el orden porque para mí cada cosa tiene su tiempo y su lugar. Me gustan los cuadros en la sala porque siento que dan color y calor a una pared blanca. No soy una princesa amada por todos, pero siempre salgo al rescate cuando se necesita. Me duelen profundamente las traiciones y soy demasiado perceptiva para saber cuándo algo va mal. Adoro el cine y me gustaría que existieran los superhéroes.

Espiral

Hay días que se parecen a una espiral. No son planos, recurrentes o constantes. Tampoco son curvos como de altos y bajos sino días que giran y giran, conservando su punto central. Aunque se alejen de su centro siempre girarán alrededor de él.


He tenido varias semanas espirales. No no son diferentes. No tienen matices claros, oscuros o mestizos. No. Solo giran, se procesan, inician y terminan. Como un ciclo completo, obligado a repetirse. Día tras día. Semana tras semana.

No son malas semanas. No tienen aventuras fantásticas. Carecen de historias de miedo o angustia. Solamente giran cíclicamente sin parar. Tampoco tienen inicio, solo un eje: único, irreversible, irrepetible.

Puedo tener los mejores días y aún así sentir que no están completos. Que, aunque trato de ser positiva, algo en lo profundo de mi ser dice que nada será como lo deseo. Que debo fijar con entereza y valentía un horizonte real.

La otra parte de mí, fantaseadora y divertida, tiene fe de que los sueños y las palabras tendrán futuro.

Todo es una dicotomía entre lo que es y lo que debería ser, quizás nunca sea, o quizás lo sea todo.

Sin importar lo que pase —sin siquiera pensar en las falsas ilusiones o desventuras del destino— de algo sí estoy completamente segura: Sé lo que me gusta, lo que quiero y lo que no.

Los deseos son como un roble firme con raíces poderosas y profundas. Mientras que la verdad es cauta y dura como una roca. Los sueños se desvanecen como agua entre los dedos, escapando de forma lenta y dolorosa.

¿Cómo pedir que pase lo impensable? ¿Cómo luchar por lo inevitable? ¿Cómo cambiar un destino que se escribió hace años?

Todo gira como un espiral. Sin fin.